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Nadie nos enseña a planificar la segunda mitad de la vida

Por María Jesús González-Espejo

Presidenta de AILI -Asociación Iberoamericana de Longevidad Inteligente (Madrid-España)

He dedicado una gran parte de mi vida profesional a anticipar escenarios para tomar mejores decisiones y a diseñar e implementar estrategias y procesos. Me convertí así en una experta estratega y, sin embargo, una mañana descubrí que nunca me había detenido a planificar mi propia vida.

Ese descubrimiento nació de varias vivencias: unos padres que de pronto se hacen mayores y no sabes cuidar bien; el fallecimiento inesperado de un familiar cercano que no deja instrucciones; y las primeras alertas de mi cuerpo de que la juventud se va quedando atrás.

A mí me ha pasado también lo que cada día ocurre a millones de personas: me encontré tomando decisiones importantes sin haberme preparado para ello. Decisiones sobre mi salud, mi patrimonio, mi vivienda, mis cuidados, etc. Todo llegó de golpe y mi margen y capacidad para decidir bien eran muy limitados.

Y esto me ha permitido comprender algo que hoy considero esencial: dedicamos años a preparar nuestra carrera profesional, la educación de nuestros hijos o la compra de una vivienda, pero casi nunca pensamos cómo queremos vivir la vejez, que hoy, para muchas personas, puede incluso ser más larga que la primera mitad de la vida.

Y no se trata solo de dinero. Tampoco de salud. Se trata de algo más profundo: de saber decidir bien, es decir, decidir lo mejor para ti. Disfrutar de la mejor vejez posible implica escoger la mejor población para ti y habitar la mejor vivienda para tus necesidades; también escoger los amigos con los que hacer los planes a los que decidas dedicar tu tiempo; además de saber decidir cómo invertir bien para poder hacer frente a los gastos médicos, hospitalarios, etc.; y decidir qué tipo de relación queremos tener con la tecnología o qué queremos que ocurra una vez que dejemos este mundo con nuestro legado… Son muchas decisiones que hay que saber tomar.

En 2024 publiqué mi obra El arte de envejecer sabiamente, donde explico el método que he creado y al que he llamado “Justo a Tiempo para envejecer sabiamente”. El método ordena en nueve los pilares del buen envejecimiento y, para cada uno de ellos, identifica las decisiones clave.

Te invito a hacerte las preguntas adecuadas antes de que las circunstancias decidan por ti y sea demasiado tarde. Porque la improvisación casi nunca es una buena estrategia cuando hablamos del futuro, y menos aun cuando ese futuro significa vejez y, quizá, en tu caso, longevidad.

Mientras desarrollaba ese trabajo descubrí otra cosa igual de importante: ninguna persona recorre este camino sola. Nos gusta, y nos ayuda mucho, escuchar experiencias, compartir dudas y aprender de quienes ya atravesaron situaciones similares.

Con esa convicción nació Matura Club, un espacio pensado para que las personas puedan compartir experiencias, intercambiar miradas y prepararse para los desafíos de esta etapa de la vida. Allí confirmé algo que intuía desde hacía tiempo: muchas de las inquietudes que creemos exclusivamente nuestras son, en realidad, compartidas por miles de personas. Y cuando esas experiencias se ponen en común, dejan de vivirse como problemas individuales para transformarse en aprendizaje, apoyo mutuo y nuevas oportunidades.

Pronto comprendí que esa conversación tampoco podía limitarse a un solo país. Los desafíos que hoy enfrentan España, Argentina, México, Chile, Colombia o Uruguay tienen más puntos en común de los que solemos imaginar.

María Jesús González-Espejo

Por eso impulsamos, junto con profesionales de distintas disciplinas, la Asociación Iberoamericana de Longevidad Inteligente (AILI), una red que busca compartir conocimientos, impulsar buenas prácticas y promover una mirada más amplia sobre esta nueva realidad.

Con frecuencia me preguntan si todo esto tiene que ver con la llamada Silver Economy. Mi respuesta es que sí, pero solo en parte. Es positivo que aparezcan nuevos productos y servicios para acompañar esta etapa de la vida. Sin embargo, el verdadero cambio no pasa únicamente por el mercado. Pasa por las personas. Por ayudarlas a llegar a esa etapa con mayor autonomía, más información y, sobre todo, con la libertad de seguir tomando decisiones sobre su propia vida.

Después de estos años de trabajo he llegado a una conclusión muy sencilla: el futuro no se improvisa. Se piensa, se conversa y se construye mucho antes de que aparezcan las urgencias.

Hay una pregunta que me hacen con frecuencia: “¿Cuándo conviene empezar?”

Nunca respondo con una edad. Respondo con otra pregunta: ¿cuándo fue la última vez que te detuviste a pensar cómo quieres vivir la segunda mitad de tu vida?

Tal vez ese sea el verdadero desafío de nuestro tiempo. No añadir años a la vida, sino añadir reflexión, autonomía y propósito a los años que tenemos por delante.