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La segunda generación de la longevidad

Durante años hablamos de que viviríamos más. Publicamos estudios, analizamos estadísticas y organizamos congresos. Ese diagnóstico ya está hecho. señala que ha comenzado una nueva etapa: la de construir instituciones capaces de transformar el conocimiento en decisiones.

Hay momentos en los que una organización vale más por lo que representa que por el acto mismo de su creación.

El nacimiento de la Asociación Iberoamericana de Longevidad Inteligente (AILI), presentado el pasado 9 de junio en la Universidad Complutense de Madrid, pertenece a esa categoría. No porque aparezca un nuevo actor en el ecosistema de la longevidad, sino porque refleja un cambio de etapa.

Durante más de dos décadas, el debate sobre el envejecimiento estuvo dominado por un esfuerzo imprescindible: comprender el fenómeno. Demógrafos, gerontólogos, médicos, economistas y organismos internacionales produjeron evidencia suficiente para demostrar que el aumento de la expectativa de vida constituye una de las mayores transformaciones sociales del siglo XXI. Hoy nadie discute ese diagnóstico.

La pregunta ya no es cuánto vamos a vivir. La verdadera pregunta es quién está diseñando las sociedades donde viviremos esos años adicionales.

Ese cambio de enfoque marca la diferencia entre la primera y la segunda generación de la longevidad. La primera se ocupó de explicar el fenómeno. La segunda deberá convertir ese conocimiento en instituciones, políticas públicas, estrategias empresariales y nuevas formas de organización social.

Es en ese punto donde la creación de AILI adquiere relevancia.

Más que una asociación, propone un espacio de convergencia entre disciplinas que históricamente trabajaron de manera paralela. El derecho, la economía, la planificación financiera, la salud, la innovación, la tecnología, la educación y las políticas públicas ya no pueden analizar el envejecimiento como compartimentos estancos. La longevidad atraviesa a todas ellas y exige una conversación común.

Maria Jesus González-Espejo

AILI es el resultado directo de la visión estratégica de María Jesús González-Espejo, fundadora del Instituto de Smart Aging y creadora de Matura, un espacio dedicado a promover una longevidad más consciente e inteligente. Desde hace años trabaja acompañando a personas, empresas e instituciones en la preparación frente al mayor desafío demográfico de nuestro tiempo, desarrollando herramientas concretas como el método Just in Time, que propone abordar la longevidad desde una perspectiva integral: salud, finanzas, vivienda, tecnología, propósito y legado, entre otras dimensiones. 

Su principal aporte, sin embargo, no consiste únicamente en haber impulsado una nueva organización, sino en haber comprendido que el siguiente paso ya no era producir más conocimiento, sino reunir a quienes pueden convertir ese conocimiento en capacidad de acción. Ese es, probablemente, el rasgo más distintivo de su liderazgo. 

La composición inicial de AILI confirma esa vocación. Investigadores, empresarios, especialistas en recursos humanos, juristas y referentes de 12 países iberoamericanos comenzaron a trabajar bajo una misma plataforma. Entre ellos estuvo el demógrafo Michel Poulain, reconocido por sus investigaciones sobre las Blue Zones, cuya presencia simboliza el diálogo entre la investigación científica y la construcción de iniciativas con impacto social.

No es un dato menor que esta conversación adopte desde el inicio una dimensión iberoamericana. Europa y América Latina envejecen a ritmos y en contextos económicos muy diferentes, pero comparten una misma necesidad: abandonar la lógica reactiva. Durante demasiado tiempo hemos diseñado sistemas para responder a las consecuencias del envejecimiento. El desafío consiste ahora en anticipar, planificar y construir sociedades preparadas para vidas más largas.

Toda disciplina alcanza su madurez cuando deja de limitarse a describir la realidad y comienza a crear las instituciones capaces de transformarla. Ese es el significado más profundo del nacimiento de AILI.

La longevidad ya no necesita convencer al mundo de que existe. Necesita influir en las decisiones que definirán cómo trabajaremos, aprenderemos, habitaremos nuestras ciudades, financiaremos nuestras vidas y organizaremos los sistemas de cuidado en las próximas décadas.

Quizá esa sea la noticia más importante. No el nacimiento de una asociación, sino el comienzo de una etapa en la que la longevidad aspira, finalmente, a ocupar el lugar que le corresponde en la agenda estratégica de nuestras sociedades.