La paradoja de las ciudades conectadas: el bienestar nace en el encuentro
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La paradoja de las ciudades conectadas: el bienestar nace en el encuentro

María Celeste “Mery” Chain

Gerenta de Bienestar Ciudadano / GCBA

La responsable de Bienestar Ciudadano de la Ciudad de Buenos Aires analiza el impacto de la soledad no deseada como un desafío colectivo. Una propuesta para repensar las políticas públicas como herramientas transformadoras de los vínculos humanos.

Durante mucho tiempo, la soledad fue considerada un asunto estrictamente individual, un problema privado que debía resolverse puertas adentro. Hoy la evidencia científica ha demostrado lo contrario: la soledad no deseada constituye un desafío colectivo que atraviesa generaciones y contextos sociales.

Si bien afecta de manera crítica a las personas mayores, también impacta con fuerza en jóvenes y adolescentes, segmentos de la población que experimentan de forma creciente la dolorosa ausencia de vínculos significativos en su vida cotidiana y carencias de propósitos personales.

Vivimos una era paradójica; habitamos ciudades cada vez más conectadas desde el punto de vista tecnológico, pero muchas veces más fragmentadas desde el plano estrictamente humano.

Por esta razón, hablar de soledad nos obliga a hablar también de salud pública, de inclusión, de cultura ciudadana, de diseño urbano y de participación comunitaria.

Es indispensable diseñar e implementar políticas públicas que sean capaces de fortalecer y promover la cohesión social y reconstruir, consecuentemente, las conexiones.

"Una ciudad que cuida es aquella que favorece y provoca encuentros, habilitando espacios de participación real y reconociendo que los vínculos sociales no son un lujo accesorio, sino un activo indispensable para la salud, la convivencia y la calidad de vida."

Desde el Área de Bienestar Ciudadano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires trabajamos bajo una premisa fundamental: el bienestar integral se construye a partir de los vínculos que establecemos, del sentido de pertenencia que logramos desarrollar y de la posibilidad concreta de sentirnos parte de una comunidad que nos reconoce, nos escucha y nos acompaña. 

Estoy convencida de que gestionar el bienestar implica generar las condiciones posibles y consensuadas para que los vecinos puedan encontrarse, participar, crear redes de contención y desarrollar proyectos compartidos en el espacio público.

Deseo firmemente que este dossier y este conversatorio funcionen como un motor de escucha, diálogo y construcción colectiva. Ninguna organización, ningún gobierno y ninguna institución puede abordar un desafío de esta magnitud en soledad.

El único camino viable es fortalecer las alianzas transversales entre el Estado, la academia, las organizaciones sociales, el sector privado y la propia ciudadanía. Solo así seremos capaces de construir comunidades más conectadas, más solidarias y, fundamentalmente, más humanas.