
Género y jubilación: una mirada de los +60
Mg. Sandra M. Almeyda
Consultora; docente-investigadora en Universidad del Salvador
A partir de dos investigaciones de la USAL en las quince comunas de Buenos Aires, la autora analiza cómo la población de la Generación Silver derriba los estereotipos de pasividad. Una radiografía urgente sobre el impacto de la jubilación en los varones y la potencia de los espacios de pertenencia.
El envejecimiento poblacional constituye uno de los principales procesos demográficos del siglo XXI y plantea desafíos profundos para las políticas públicas, las organizaciones sociales y la producción de conocimiento.
El incremento sostenido de la esperanza de vida exige revisar de manera urgente las formas tradicionales de comprender la vejez, superando aquellos enfoques centrados exclusivamente en el déficit, la dependencia o la enfermedad.
Desde la Universidad del Salvador (USAL), junto a la Fundación Convivir y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, nos propusimos generar evidencia empírica local para conocer cómo las propias personas de 60 años y más perciben esta etapa de la vida, cuáles son sus proyectos y qué significado adquiere hoy la participación social.
Nuestros relevamientos se realizaron en las quince comunas de la ciudad, incorporando a participantes provenientes de Centros de Día, organizaciones de la sociedad civil y distintos programas del Gobierno de la Ciudad, como Estaciones Saludables y el Registro de Cuidadores.
El trabajo de campo fue desarrollado por nuestros estudiantes de Trabajo Social, Ciencia Política, Sociología y Psicología de la USAL. Esta amplitud territorial nos permitió aproximarnos a una población sumamente heterogénea, integrada por personas con diferentes trayectorias sociales, familiares y laborales.
Uno de los hallazgos más significativos de ambas investigaciones es la enorme distancia existente entre las representaciones tradicionales sobre la vejez y la forma en que las personas mayores se perciben a sí mismas.
Lejos de identificarse con imágenes asociadas a la pasividad o al deterioro, la mayoría manifiesta una visión dinámica del envejecimiento. Esta autopercepción se refleja con claridad cuando siete de cada diez participantes afirman de manera rotunda que una persona comienza a envejecer únicamente cuando deja de mantenerse activa.
La edad cronológica pierde centralidad frente a una concepción de la vida asociada al movimiento, la actividad intelectual y la continuidad de proyectos significativos.
“Los espacios comunitarios no son meros ámbitos recreativos para ocupar el tiempo libre tras el retiro. Son escenarios vitales donde se fortalecen los vínculos sociales, se ejercita la autonomía y se construye el sentido de pertenencia de la Generación Silver”.
Sin embargo, los resultados muestran diferencias críticas cuando el análisis incorpora la perspectiva de interseccionalidad entre género y generaciones.
Mientras el 77,1% de las mujeres manifiesta encontrarse habitualmente con amistades, entre los varones ese porcentaje se desploma dramáticamente al 13,1%.
Esta brecha evidencia formas muy distintas de construir y sostener los vínculos a lo largo del curso de vida. Muchas mujeres llegan a edades avanzadas con vínculos sociales más consolidados, mientras que, para una parte importante de los varones, la vida social aparece ligada casi exclusivamente al ámbito laboral.
En consecuencia, cuando el trabajo deja de ocupar un lugar central, numerosos varones encuentran mayores dificultades para generar nuevos espacios de encuentro que trascienden el entorno familiar. En nuestras entrevistas, la frase "Para los varones el trabajo es importante, extraño la rutina de mi trabajo diario" sintetiza una experiencia compartida: el empleo estructuraba sus horarios, sus relaciones y su sentido de identidad.
La jubilación aparece entonces como una transición compleja que exige el desafío de reconstruir proyectos de vida capaces de otorgar nuevos significados a esta etapa. Además, detectamos que, aunque muchos varones reconocen haber experimentado momentos de soledad, manifiestan serias dificultades para expresar esa experiencia de manera abierta.
Finalmente, al indagar sobre las redes de apoyo disponibles ante situaciones de necesidad, la inmensa mayoría señaló que recurriría principalmente a familiares, amistades o vecinos, mientras que sólo una proporción reducida recibe asistencia de personal de cuidado especializado. Esto demuestra que los lazos informales siguen siendo el principal sostén cotidiano.
En un contexto de creciente longevidad, escuchar las voces de los propios protagonistas resulta indispensable.
Más que responder únicamente a necesidades asistenciales, los programas dirigidos a la Generación Silver deben potenciar capacidades y reconocer su aporte a la comunidad.
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Los factores más relevantes para favorecer el bienestar son la posibilidad de sostener un proyecto de vida, contar con vínculos significativos y participar en entornos de pertenencia que promuevan la integración, la autonomía y el ejercicio pleno de una ciudadanía activa.
Los datos técnicos, gráficos descriptivos y el diseño metodológico completo de los dos estudios analizados pueden consultarse en el paper original coordinado por la Universidad del Salvador (USAL) enviando un mail a: sandra.almeyda@usal.edu.ar