
El estrés argentino: cuando vivir en la incertidumbre se vuelve costumbre
La mitad de los argentinos vive estresada. Y lo más preocupante no es solo la cifra, sino la velocidad con la que creció: hoy, el 50% de los adultos dice sentir estrés con frecuencia, frente al 33% registrado en 2025. Son 17 puntos porcentuales más en apenas un año, un aumento relativo de más del 50%.
Los argentinos nos acostumbramos a hablar de crisis. Y, casi sin darnos cuenta, también nos acostumbramos a hablar del estrés como si fuera algo normal. De hecho, hasta me animaría a decir que, por momentos, pareciera que si no estás estresado en este país, estás «loco». Porque en un país donde la incertidumbre forma parte de nuestra vida cotidiana, vivir tranquilo parece una excepción.
La inflación, el dólar, el trabajo y la dificultad de llegar a fin de mes forman parte de conversaciones cotidianas. Aparecen en reuniones familiares, entre amigos e incluso entre desconocidos. ¿Cuántas veces escuchamos un «estoy re estresado» y seguimos hablando como si nada? Mencionamos el estrés con naturalidad, muchas veces sin detenernos a pensar en las consecuencias que puede tener para nuestra salud.
Pero, aunque hablar de estrés se haya vuelto habitual, los números muestran que no se trata solamente de una sensación. La edición 2026 de la Worldviews Survey, una investigación de WIN (Worldwide Independent Network of Market Research) y Voices!, consultó a 45.000 personas en 45 países. En Argentina, se entrevistó online a 1.007 personas mayores de 18 años durante enero de 2026.
Los resultados también permiten poner la situación argentina en perspectiva. Nuestro país se ubica entre los latinoamericanos donde más se siente el estrés: solo Chile y Ecuador registran niveles superiores, mientras que Paraguay, Colombia, México y Brasil presentan porcentajes más bajos. Y no se trata de un fenómeno exclusivamente argentino: el promedio mundial alcanza el 42%.
Pero quizás lo más preocupante no sea solamente cuántos argentinos viven estresados, sino lo poco que nos sorprende que así sea. Si vivir estresados se volvió tan habitual, vale la pena preguntarnos qué hay detrás de ese malestar.
Vivir haciendo cuentas
En Argentina, el dinero encabeza la lista de preocupaciones. Según el estudio, el 54% de los encuestados identifica la falta de dinero y las deudas como fuentes de estrés. Bastante más atrás aparecen el desempleo y las preocupaciones relacionadas con el propio trabajo.
La comparación con el resto del mundo es elocuente. Mientras que, a nivel global, el dinero y el trabajo comparten el primer lugar entre las principales fuentes de estrés, en Argentina la preocupación económica se despega claramente del resto.
Y no es difícil entender por qué. En Argentina, además de trabajar para ganar dinero, muchas veces tenemos que hacer otro trabajo: descubrir cómo hacer que alcance. Calculamos, ajustamos, postergamos y volvemos a calcular. Quizás ahí resida una de las formas más silenciosas de naturalizar el estrés: vivir pendientes de las cuentas incluso antes de que aparezca un problema concreto.
Tan significativo como lo que encabeza la lista es lo que queda relegado. Solo el 20% de los argentinos menciona la salud como fuente de estrés, frente al 28% a nivel mundial. Las guerras y la política internacional tienen todavía menos peso. No necesariamente porque sean cuestiones menos importantes, sino porque, cuando las preocupaciones económicas ocupan tanto espacio, parece quedar poco margen para pensar en todo lo demás.

El estrés también tiene género y edad
Aunque vivir estresados parezca haberse vuelto habitual, el fenómeno no afecta a todos por igual. La edad y el género marcan diferencias importantes, como muestran los resultados de la encuesta.
Entre las mujeres, el 57% declara sentir estrés con frecuencia, frente al 41% de los hombres. Una diferencia de 16 puntos porcentuales que ubica a las argentinas entre las mujeres con mayores niveles de estrés de los 45 países relevados.
El pico se registra entre los 35 y los 49 años, una etapa en la que suelen superponerse el trabajo, la crianza y, cada vez más, el cuidado de padres que viven más años. Es lo que se conoce como la «generación sándwich»: personas que deben atender, al mismo tiempo, las necesidades de sus hijos y las de sus padres.
No siempre se trata de una gran preocupación, sino de muchas responsabilidades que se acumulan y que terminamos asumiendo como parte de la rutina.
Los jóvenes tampoco quedan al margen. Entre las personas de 18 a 24 años, el estrés frecuente alcanza al 54%. La falta de trabajo tiene más peso que en el promedio general. También aparecen los cambios de vida, los conflictos familiares y el uso excesivo del celular y las redes sociales.
Después de los 50: menos estrés, otras preocupaciones
Con los años, el panorama cambia. Después de los 50, el porcentaje baja al 44%. Es menos, pero está lejos de desaparecer. Lo que se transforma son las causas: la salud empieza a ganar protagonismo y, después de los 65 años, aumentan las inquietudes relacionadas con la política nacional y las guerras.
Este descenso podría relacionarse con algo que la psicología del envejecimiento viene estudiando desde hace décadas: con la edad, muchas personas desarrollan una mayor capacidad para regular sus emociones y tienden a concentrarse en aquello que consideran más importante. La experiencia acumulada también puede funcionar como amortiguador: haber atravesado distintas crisis —en un país que no las escatima— puede enseñar a afrontarlas de otra manera.
Conviene, de todos modos, leer el dato con cautela. Al tratarse de una encuesta online, algunos adultos mayores con menor acceso a internet podrían estar subrepresentados. Por eso, el resultado debe interpretarse teniendo en cuenta las características de la muestra.
Una cuestión colectiva, no únicamente individual
Cuando hablamos de estrés, las recomendaciones suelen apuntar a hacer ejercicio, meditar, descansar mejor, hacer terapia y aprender a organizar el tiempo. Todas estas herramientas pueden ayudar. Pero ¿hasta dónde alcanza lo que hacemos individualmente cuando buena parte de la población vive bajo una incertidumbre económica persistente?
Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices! y responsable del análisis social del estudio, vincula el aumento del estrés en Argentina con las condiciones económicas y sociales en las que las personas viven, trabajan y proyectan su futuro.
Ojalá estos datos también nos inviten a dejar de echarnos toda la culpa. Porque, además de vivir estresados, muchas veces terminamos sintiéndonos responsables por no saber cómo dejar de estarlo. Y no todo depende de nuestra capacidad para organizarnos, descansar o regular nuestras emociones.
Porque podemos aprender a manejar el estrés, pero no podemos meditar para que desaparezca la incertidumbre.
Quizás, entonces, el desafío no sea intentar dejar de vivir con incertidumbre, sino dejar de aceptar que vivir estresados es la única manera de convivir con ella.
Fuente: Worldviews Survey 2026, WIN (Worldwide Independent Network of Market Research) y Voices! Research & Consultancy. Trabajo de campo global: noviembre de 2025 a febrero de 2026. Argentina: enero de 2026.